La relevancia de esta sentencia reside en la diferenciación de dos escenarios operativos:
1. Jornadas con horarios irregulares: en estos casos, la falta de registro es crítica y peligrosa para el empresario. En estos casos, es el empresario quien debe probar la jornada íntegra para defenderse.
2. Horarios prefijados y fijos: si el horario es estable, lo que se somete a debate no es la jornada íntegra, sino exclusivamente los excesos sobre ese horario. En este supuesto, el Supremo es tajante: el trabajador debe aportar un principio de prueba.